Los marineros se han asentado.
Habían esperado tanto tiempo,
mirando las lunas rodar entre las aguas.
Y por fin, la tierra firme.
Sentados alrededor del fuego,
acariciados por el amor y la brisa.
Las olas están ahora en el dibujo,
ya no son sus maldiciones.
Esas islas, ¿a qué llevaban?
Las tormentas y la sed,
el cansancio marcados en sus músculos.
Ya no hacen falta palabras, gritos, lagrimas,
ahora que una llama cálida y una caricia
calientan sus sonrisas de alivio.
Aves de colores rien con los murcielagos,
ballenas invisibles y girafas escondidas,
todo vuelve a su sitio.
El sueño de los marineros,
merecido, esperado,
empapado de tierna realidad,
despojado de inutil complejidad.
Deja que duerman,
deja que descansen.
Deja que sea la sencillez a cuidar de ellos.
.the.Hive.
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