Rodeado de colores infantiles y juguetes,
la vida misma me habla de ciclos.
El peso del mundo, tan difícil de sostener,
se frantuma solo cuando veo como los inocentes
crecen centímetro a centímetro, entre risas y berrinches.
Si bajo el limonero puedo ver las hormigas que suben ramas,
entretenidas en su labor incansable,
si entre las grietas del cemento ardiente una planta aguanta,
si los pueblos y las personas pueden aguantar lo impensable,
la llama se aviva y me recuerda que la indignación no se grita,
pero se personifica en gestos cotidianos simples y persistentes
Si estaba ciego era por la intensidad del haz,
por el trastorno de tanto ruido y estímulos violentos.
No hay héroes ni ídolos, pero sí hay personas que inspiran.
Anónimas, del barrio.
Sencillas y humildes.
Maravillosas y escondidas.
Ellas son la resistencia. Que nunca muere,
porque por mucho que se le pise, la empatia y el amor siempre viven.
Cuántas veces no vemos la belleza de las nubes?
Cuántas veces atropellamos el tiempo en nombre de motivos desconocidos?
Una flor cualquiera contiene toda la maravilla de un universo.
Una vida vivida: un panorama complejo lleno de rincones inalcanzables
La família desahuciada que busca donde guardar sus cajas,
madres solteras hostigadas por hombres esclavos de su inseguridad violenta,
niños nacidos en un lugar desafortunado y que luchan sin saberlo siquiera.
Personas alcanzado una madurez preñada de nostalgia.
Hay algo en común en la resistencia: la dignidad.
Dignidad, una aura de fortaleza moral aún en medio del dolor,
del miedo, de la ansiedad a lo que el mañana puede traer,
porque el pasado habita las noches entregándolas al insomnio.
La dignidad tiene su mejor aliado en el tiempo,
esa entidad abstracta que marca nuestra percepción,
que todo puede sanar, que fortalece, imprime recuerdos,
y definitivamente, define la vida misma,
los ciclos.
Hace que el horror y la inocencia puedan coexistir,
que podamos ser resilientes y aguantar tanto peso,
en una época que nunca me esperé ni quisimos ver,
y que nosotros en cada respiración elijamos en qué lado estar:
la violencia del cinismo, o la resistencia del amor.
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