divendres, 17 d’octubre del 2014

Cronica de una noche cualquiera.

Bajo dos cuadras para llegar a la Sala Barts. Puertas cerradas todavía, me pongo a la espera en la acera. Mis pensamientos se interrumpen pronto porque una chica me pide marihuana. No tengo, pero nos ponemos a conversar. Lleva un mes en Barna, tendrá unos 40-45 años, se auto-define hipster, ella habla y se queja de todo el mundo, especialmente de los europeos y su actitud más o menos explícitamente racista contra el Sur del mundo. Ella es de Colombia, aunque prefiere decir que es de la Tierra. Consigue tres porros gratis de tres chic@s desconocid@s. Los necesita porque no puede dormir. Sus palabras y su energía dejan ver soledad y muchas ganas de vivir. Después de media hora, donde conversamos de la vida, me pide el numero y se va. Voy entrando, saludo a algunos conocidos. Los amigos de Manu Chao, músicos de la calle, hoy tienen un concierto. Hay muy buena onda, y mucho sur del Mundo. Me tomo una en la barra, tranquilamente. Empieza a tocar un chico, warm-up. Pausa y el momento clave de Daniel Lança. Energía pura, mezcla raggae/ska/rumba, estilo Manu Chao (Daniel siempre sale en los conciertos de Manu a cantar con él un par de canciones). Las letras van de par en par con el ambiente: música de mundo, música de la calle, donde el concepto de frontera no existe. Letras de denuncia a una sociedad enferma llena de soberbia, y de amor y vida. Pura pasión. En algún momento llega mi amiga uruguaya, una chica de 40 años que tiene la energía de una veinteañera, y que creo tendría mil historias para contar. Todo el mundo sigue bailando con sonrisas. Somos poquitos pero hay muchas caras conocidas. El concierto es una pasada, al final Daniel baja y se pone a abrazar a todos nosotros. Terminado este concierto de pura energía positiva, bajamos a la calle. Intercambiamos palabras con esta gente, que casi nunca te pregunta de dónde vienes o qué haces. Etiquetas ninguna. Está Viento, un argentino-boliviano que cada vez se presenta porque siempre anda un poco tajado... Daniel baja también, le saludo y me abraza sinceramente, diciendo solo "gracias" con voz baja y con una sonrisa casi avergonzada. Estos músicos tienen mucho carisma en el escenario, pero son de una humildad y una tranquilidad, casi timidez, asombrosa. Me siento muy cómodo, muy en casa. Por casualidad, veo otro amigo (digo amigo porque no sé como llamar a estas personas que en las ciudades con las cuales te llevas bien, pero que tampoco has conocido lo suficiente), que por casualidad pasa por ahí a buscar tabaco. Se anima y se queda, pues el tío, otro cuarentañero, también tiene ganas de contacto humano. Conectamos mucho, y no es el primer chico "mayor" que todavía está buscando su camino en la vida. Nos entendemos. Mas allá de lo que la sociedad pone en su escaparate, hay un circo de invisibles, que viven con ilusiones, batallas, problemas, alegrías, pero, sobre todo, con mucho cariño sin intereses. Entramos otra vez, tomamos más. Jam session. Decenas de músicos se van turnando. Bailes y buen ambiente. Sonrisas y abrazos. Serenidad. Barcelona se hace cada vez más pequeña cuando me encuentro con otra conocida brasileña que no veía desde hace meses. Cada vez flipo como los del sur del mundo son capaces de darte un abrazo sincero y mirarte a los ojos interesándose por ti, aunque no sepan nada o casi de tu vida. Me voy a casa llevándome dentro, una vez mas, que la gente es medianamente buena y que no vale la pena dejarse llevar por la apatía y la frenesía del día a día urbano. Puede que esté volviendo a los 18, pues tal vez estoy recuperando años y años de burbuja, que han traído muchas cosas buenas, por supuesto, y que habrían podido traer todo lo que el bienestar te pide: carrera, dinero, reconocimiento a tu trabajo. Pues todo eso no me llena, y no quiero acabar en una jaula, rodeado por cientos de fantasmas con mascaras, glorificándose a ellos mismos, y juzgando dentro de si como fracasados a quién no haya encontrado su camino, tal vez porque ni lo ha buscado. ¿Seré capaz de evitar todo esto? Es mi reto. Los invisibles viven, aunque sufran más que los apalancados en un sofá. Gracias Barcelona.


.the.Hive.

1 comentari:

  1. Qué buena noche! Me encanta lo de "... prefiere decir que es de la Tierra" nunca mejor dicho! :-)

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